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LA ALTURA PUEDE MATAR

SÍNTOMAS DEL MAL DE ALTURA

cumbres

Saber identificarlos ayuda a controlar el problema


El mal de altura, nombre con que vulgarmente se generalizan los efectos de la falta de oxígeno sobre nuestro organismo, puede revestir tres formas típicas:

                  Mal de altura (MA)
                  Edema pulmonar (EP)
                  Edema cerebral (EC)

Debemos prestar atención a los síntomas y no disculparnos, o justificarlos, como consecuencia de un cansancio. El mal de altura se puede presentar de manera imprevisible, especialmente si no se cumplen las pautas anteriormente indicadas, y no significa que uno sea más o menos que los demás. Tenerlo presente ya que algunas veces en el origen de un desastre está el amor propio, mal entendido.


El mal de altura, o MA

suele iniciarse con dolor de cabeza. Este dolor de cabeza es generalmente occipital, bilateral, y aumenta al inclinarse o acostarse. Se tiene mayor sensibilidad a los ruidos y a la luz, y se calma con los analgésicos menores. A este síntoma suelen acompañarle otros:


                  Cansancio y debilidad.
                  Cierto aturdimiento.
                  Náuseas, o vómitos.
                  Insomnio o dificultad para conciliar el sueño.
                  Pérdida de apetito.

El edema cerebral, o EC

provocado por la acumulación de  líquido en el cerebro, o en torno a él, aumenta los síntomas del mal del altura (MA); tengamos presente que el cerebro se encuentra protegido y a la vez rígidamente encajado dentro del cráneo.

Entre los síntomas más importantes conviene destacar un dolor de cabeza agudo, que empeora al tumbarse, y no cede con un analgésico suave (ibuprofeno, paracetamol o aspirina).
Además se añaden otros:

            Gran cansancio y fatiga.
            Náuseas y vómitos severos y persistentes.
            Falta de coordinación, por ejemplo para atarse las botas.
            Tambaleos, caídas, imposibilidad de avanzar en línea recta, colocando un pie delante de otro.
            Visión borrosa o doble, con halos en torno a los objetos.
            Pérdida de habilidad mental.
            Alteraciones del comportamiento (agresividad, apatía…)
            Confusión, alucinaciones.
            Adormecimiento.

El edema pulmonar, o EP

consiste en la acumulación de líquido en, o alrededor de los pulmones. Puede producirse por sí solo sin necesidad de síntomas previos de MA (en aproximadamente un 50% de los casos) o bien desarrollarse asociado a éste.

Los primeros síntomas que avisan del desarrollo de un EP suelen ser un descenso del rendimiento físico acompañado de tos seca. Esta tos seca puede volverse productiva posteriormente, presentando esputos con posibles manchas de sangre, lo cual constituye una señal grave.

El agotamiento, que en las primeras fases puede consistir, simplemente,  en que nos lleve más tiempo recuperar el aliento después de realizar un ejercicio ligero.

Los sonidos de los pulmones “encharcados” al respirar profundamente y que se escucha pegando la oreja desnuda por debajo del omóplato del enfermo. Este síntoma puede no existir, en cuyo caso hablamos de un  EP seco.

          Rostro azulado o amoratado, así como labios y lengua (cianosis).
          Cansancio y fatiga extrema.
          Puede cursar una fiebre ligera de hasta 38,5º, y/o sensación de frío interior, o dolor de pecho.
          Somnolencia, dificultad en despertar, coma.

 

NOTA: La tasa normal de respiración correspondiente a una buena aclimatación, a 6.000 metros, es de 20 inhalaciones por minuto.

En todos los casos, para prevenir cualquiera de los males originados por la altura debemos prestar especial atención a:

        Aumento de la frecuencia respiratoria, a más de 24 por minuto, en reposo (intento del cuerpo de suplir la necesidad de oxígeno).

        Orinar menos de 800ml/24 horas (los líquidos son retenidos para aumentar el volumen sanguíneo y contrarrestar así la mayor concentración de glóbulos rojos)

        Aumento de peso (supondría retención de líquidos, cuando lo normal en altura es perder peso)

        Taquicardia de reposo, o braquicardis excesiva (un desajuste excesivo es un signo de inadaptación cardiovascular).

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