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CAMINO PRIMITIVO SANTIAGO
(desde Oviedo)


6ª ETAPA, de La Mesa a Grandas de Salime- 16,8 km.


Nuestra etapa de hoy es algo más larga ya que hemos dormido en Berducedo y tendremos que caminar hasta La Mesa. Ha valido la pena puesto que el albergue está bien y en el pueblo tenemos todo tipo de servicios. Aún así es una etapa más corta que las que hemos completado estos días y se agradece un poco de descanso antes de pasar nuestro siguiente reto: El puerto del Acebo.


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El albergue de esta noche está bien aunque es pequeño y, aunque tiene pocos servicios, en el pueblo podemos encontrar de todo para completar nuestro avituallamiento. Como cada mañana nos levantamos antes de que amanezca para ganar horas al día y aprovechar al máximo las cortas horas de luz otoñales.


 

Después de cruzar el pueblo de Berdicedo caminamos un trecho por un camino ascendente para llegar a La Mesa, que debiera haber sido nuestro destino final de la etapa anterior. Es una caminata por asfalto, no muy larga, que hacemos sin mayores problemas ya que, afortunadamente, no llueve.
La Mesa es un pequeño pueblecito rodeado de montañas con su parque eólico (el denominado progreso). Aquí os recomendamos un breve descanso para visitar su antigua iglesia e ir entonando las piernas para la subida, de algo más de dos kilómetros, por carretera ( se hace sin demasiado esfuerzo). Destino: el colladu de Buspol, donde se levantan esos imponentes aerogeneradores.


 

Al llegar al alto, disfrutamos de unas vistas impresionantes y comenzamos a entrever tanto nuestro objetivo inmediato (el embalse de Grandas de Salime) como nuestro objetivo final, el pueblo de Grandas de Salime. La bajada es larga, primero por carretera, pero luego giramos a la derecha por caminos muy cómodos. Ningún problema que reseñar, así que como el esfuerzo no es grande podemos disfrutar del entorno. El paisaje en esta zona es más suave y los horizontes lejanos. Llama nuestra atención comprobar como en esta zona los caminos están jalonados por grandes lajas de pizarra , que nos recuerdan a la Galicia de nuestros antepasados.


 
 
 
 
   

El largo descenso, de más de 7 kilómetros, es para disfrutar y se divide en dos partes muy diferenciadas. La primera parte es en campo abierto, por un camino ancho y cómodo aunque la orografía de la zona es irregular. La segunda, la que realmente inicia la rápida bajada al embalse, es para disfrutarla dada la belleza del entorno pues en todo momento estamos arropados de bosques de castaños. Parece que nunca llegamos al embalse, a pesar de verlo muy cerca, pero el camino da un largo rodeo para suavizar la bajada.


 
 

La primera parte del descenso es entre hermosos pinares, y aquí quiero contaros una pequeña anécdota. Desde La Mesa nos ha seguido un perro pastor alemán, lo que resulta frecuente, según nos cuentan, y nos acompañó hasta el final de etapa. La hospitalera de Grandas de Salime, ya conoce el caso de este perro y lo devolverá en su coche a La Mesa. Como les hagáis una caricia podréis ir acompañados por un pastor alemán, un mastín, u otras razas mestizas que gustan de seguir a los caminantes. En la imagen siguiente se observa al perro en actitud de espera.


 
 

Y casi bruscamente, al dar un curva cerrada, no adentramos en un nuevo paisaje: un denso bosque de castaños, con vertientes muy pronunciadas que justifican la cantidad de vueltas que hay que dar, y que no abandonaremos hasta llegar a la carretera que bordea el embalse.


 
 
 
 
 

Un pequeño túnel, con puerta de acceso incrustada en la roca, nos conduce a un impresionante mirador desde donde podemos contemplar la grandiosidad de esta obra que utiliza las aguas del río Navia, que nace no muy lejos de aquí, en las montañas de los Ancares. Según podemos leer se comenzó a construir en 1946 y se inauguró en 1956. Todo el mundo coincide en que fue una obra muy ambiciosa y compleja, dada la orografía. Y aquí, justo aquí, en el embalse, se hizo realidad esa recomendación de ir siempre preparado para lo peor. Casi sin darnos tiempo a guarecernos empezó a caer un fuerte aguacero que, de no ir preparados nos hubiera empapado de los pies a la cabeza, y aún así, .....


 
 

El embalse marca un punto de infexión. A partir de aquí subida, subida y, más subida, y siempre por carretera. Como de costumbre el final de etapa se hace largo. Parece que nunca llegamos a Grandas de Salime


 
 

Pero la constancia tiene premio y Grandas de Salime acaba rindiéndose a nuestros cansados pies pies y nos ofrece un buen plato de bacalao con garbanzos, unas buenas "herraduras y alfajores" y un buen albergue donde, por cierto, dejamos a nuestro amigo de viaje; el pastor alemán


 
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